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Fábrica de cerdos de PAPO una amenaza para la salud de niñas y niños en Yucatán

SCJN podría sentar precedente en protección a la infancia indígena y el ambiente

Medio Ambiente / Lidia Bonilla / Mayo 18, 2021

La Reserva Estatal Geohidrológica  Anillo de Cenotes, ubicada en Homún,  un sitio de importancia ecológica  mundial. Los cenotes de la reserva son el hogar de especies amenazadas y en peligro de extinción, incluidos tres peces: la brótula ciega mexicana, la anguila ciega de cenote y el topote aleta grande. Los cenotes también brindan áreas de descanso para las aves acuáticas durante su migración hacia el sur, y hábitat vital para especies nativas como la tortuga de caja yucateca, la salamandra lengua de hongo yucateca, la golondrina yucateca y la chara yucateca.

Humún (Pueblo Maya guardían del agua) lucha contra el establecimiento de la fábrica de cerdos de PAPO desde finales de 2016, cuando esa empresa obtuvo permisos de manera irregular y sin consultar  al pueblo. La fábrica amenaza con contaminar el agua de esta zona de recarga acuífera, enrarecer el aire y afectar la salud de niñas y niños, así como la de todos los pobladores de Homún, además de representar una amenaza a su modo de vida. 

Las operaciones de la megafactoría están detenidas desde el 9 de octubre de 2018 debido a la suspensión otorgada por la jueza Miriam de Jesús Cámara Patrón a partir del amparo promovido por seis niñas y niños de Homún, pueblo maya ubicado en la Reserva Geohidrológica Anillo de los Cenotes.  El recurso interpuesto por los niños y niñas cuestiona la decisión de las autoridades mexicanas de permitir la operación industrial de 49 mil cerdos en un área ecológicamente sensible cerca del pueblo maya de Homún a pesar de los riesgos para la calidad del aire, el agua y la salud humana, lo cual viola el derecho de las niñas y los niños mayas a un medio ambiente sano, así como la autonomía como pueblo indígena.

“El derecho mexicano e internacional requiere que las autoridades apliquen el principio precautorio, y el mensaje del principio precautorio es claro: debemos detener los riesgos inaceptables antes de que ocurran daños”, lanzó Guillermo Zúñiga Martínez, abogado de Earthjustice. “Las operaciones industriales porcinas envenenan a los trabajadores y las comunidades, y amenazan el entorno único de Península de Yucatán. Las autoridades no deben esperar a que los niños se enfermen antes de reconocer lo que todos saben que es verdad: que es necesaria tecnología avanzada de tratamiento de desechos para proteger a las personas y el medio ambiente, y esta instalación debe adoptar una tecnología funcional avanzada antes de que se reanuden las operaciones”.

Por su parte Alejandro Olivera, representante en México del Centro para la Diversidad Biológica advierte “La contaminación derivada de las granjas porcinas industriales ya ha degradado de manera desproporcionada enormes extensiones de tierra y agua de comunidades  indígenas en la Península de Yucatán”,   destacando que “Agregar otra mega granja abrumará este frágil ecosistema con excrementos y gases nocivos de animales”.

Mientras tanto la Dra. Jill Johnston, profesora asistente de Medicina Preventiva en la Facultad de Medicina Keck de la Universidad del Sur de California, explicó  que “Numerosos estudios científicos proporcionan evidencia de que las operaciones industriales de cerdos liberan contaminantes a las comunidades vecinas, donde afectan la salud y la calidad de vida de los vecinos. Tales operaciones se han asociado con aumentos en los síntomas respiratorios y de asma, presión arterial, estrés y ansiedad entre los residentes que viven cerca”.

La operación de esta granja en particular se estima  genere más de 272 millones de kilogramos de orina y heces cada año, más de lo que genera toda la población humana de Tijuana. Ese desperdicio se almacenará en pozos descubiertos y luego se eliminará en campos cercanos, una práctica empleada por muchas granjas industriales de animales en los Estados Unidos.

“La Península de Yucatán se ve frecuentemente afectada por huracanes, lo que probablemente hará que los pozos de desechos de esta instalación se desborden”, dijo la Dra. Ana María Rule, profesora asistente de salud e ingeniería ambiental y directora del Laboratorio de Evaluación de Exposición de la Universidad Johns Hopkins. “Ya ha sucedido en los Estados Unidos varias veces en los últimos años, y no hay razón para creer que no sucederá en el ecosistema más frágil y único de la península de Yucatán”.

Como se documenta en el informe de Greenpeace La carne que está consumiendo el planeta, el crecimiento desenfrenado de las operaciones industriales porcinas ya ha degradado el aire, el suelo y el agua de la península de Yucatán. 

“La ganadería industrial pone en riesgo nuestra salud y la salud del medio ambiente. Este tipo de producción intensiva está cerca de los centros de población y las ciudades, lo que genera una mayor exposición a las enfermedades. Por eso debemos buscar una transición del modelo agroindustrial, hacia una producción agroecológica, sustentable y saludable que respete los ciclos de la naturaleza y garantice el respeto a los derechos de las personas”, afirmó Viridiana Lázaro, campañista de Agricultura y Alimentación de Greenpeace México.

Este miércoles 19 de mayo, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) discutirá si se mantiene firme la suspensión de la megagranja porcícola establecida en una zona de cenotes en Yucatán, dictada luego de que un grupo de niñas y niños mayas solicitara el amparo de la justicia en defensa de su derecho a un medio ambiente sano.

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