Editorial

Ayuntamientos

Traumatólogo Ortopedista

Por José Fidelino Vera Hernández, martes 19 de junio del 2012

Les saludo en esta nueva oportunidad que me brindan, y hoy abordaré algunos tópicos relacionados con la adecuada nutrición, y aunque se han escrito miles de líneas acerca de ella, nunca estará de más insistir en la gran importancia de una nutrición adecuada en nuestra vida diaria y en la actividad físico-atlética. Con tantas ideas y opiniones, es muy fácil confundirse. Una forma sencilla de evitar perdernos en el laberinto de la información nutricional, es encontrar qué es lo mejor para cada uno de nosotros. Si ustedes tratan de llevar una alimentación ligera y nutritiva descubrirán que la cantidad y tipo de alimentos adecuados repercutirán en cómo se ven y se sienten.

Todos tenemos la obligación de dedicarle tiempo a elegir nuestros alimentos. En términos generales, engordamos debido a que ingerimos mayor cantidad de alimentos o calorías de las que realmente nuestro cuerpo necesita, y por ende éste exceso se almacena en nuestro organismo en forma de grasa. No es por hambre que se come en exceso sino que lo más frecuente es debido a un hábito nervioso generado por estrés y aburrimiento. Es una forma de castigo que se enmascara como algo placentero, pero éste supuesto placer evapora rápidamente cuando nos sentimos a reventar y pesados.

Es una buena y sana costumbre levantarnos de la mesa con una sensación de satisfacción, pero no con un atiborramiento. Es fundamental que al ingerir nuestros alimentos identifiquemos el momento donde ya estamos satisfechos y nos retiremos de la mesa inmediatamente. No debemos ingerir más alimentos después de este punto donde ya no tenemos hambre, debemos mantenernos alertas y al mismo tiempo relajarnos y dejar de pensar en comida y en lo que pasará con los restos que quedan en nuestro plato o en los sartenes.

Además de estar atentos con la cantidad de alimentos que ingerimos, debemos de fijarnos en la calidad de los alimentos o substancias que llevamos a nuestra boca, ya que debido al exceso de publicidad y trucos nos van condicionando a consumir alimentos o comida 'chatarra', tales como papas fritas, refrescos, dulces, pan blanco, helados, golosinas y todo tipo de comidas rápidas que van desde tacos, pizzas, hasta hamburguesas. Muchos niños consumen productos de leche de dudosa calidad en lugar de tomar agua o jugos naturales, al mismo tiempo consumen postres elaborados con azúcar refinada en lugar de consumir fruta fresca.

Mientras pasamos por infancia y juventud la publicidad de éstos productos 'chatarra' se nos va fijando en nuestra mente y nuestro estómago, por lo que desarrollamos malos hábitos que pueden durarnos toda la vida.

Los buenos principios de la nutrición deben inculcarse a los niños y adolescentes en el hogar, sin embargo muchos padres no se preocupan por alimentar sanamente a sus hijos, entre otras razones por ignorancia, falta de información, falta de voluntad y porque sencillamente ellos fueron mal educados en su infancia y juventud.

En muchas ocasiones nos identificamos tanto con los productos chatarra que consumimos, que si alguien dice algo en contra de nuestro 'alimento' favorito, nos ofendemos. Estamos y vivimos condicionados a ingerir ciertos alimentos y defendemos nuestro derecho a hacerlo, pues creemos que no disfrutaríamos de la vida si tuviéramos que cambiar nuestros hábitos alimenticios. Esta identificación con ciertos productos constituye una barrera que nos impide cambiar nuestra dieta.

Estoy consciente que es muy difícil cambiar nuestros hábitos de alimentación, pero debemos ensayar a dejar un producto dañino cada vez, poco a poco. Una forma de mejorar la alimentación es dejar de consumir productos refinados, procesados o preparados; esto incluye azúcar y harina refinadas o cualquier alimento que contenga aditivos o conservadores (la mayoría de galletas o pasteles que compramos en las tiendas). Tratemos de evitar productos enlatados cuyo valor nutritivo es dudoso por su alta industrialización.

Poco a poco su gusto se irá refinando y puliendo de tal suerte que llegará un momento en que diga ¡guácala! cuando vuelva a probar por accidente un producto 'chatarra'.

Por esta ocasión es todo y no olviden: ‘traten de ser felices aunque se les note y aunque despierten la envidia'.

Les recuerdo que me pueden seguir escribiendo a mi correo electrónico: lachombra@yahoo.com

Y también me pueden hablar a los teléfonos 816 01 80 en Hospital del Valle o al celular (868) 818 20 73, estamos a sus órdenes.

Gracias y hasta la próxima.

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